miércoles

OTROS MUNDOS (II)

A pesar de su perfecto tratamiento matemático, la nueva interpretación de Everett de la Mecánica Cuántica apenas causó impacto entre la comunidad científica en 1957, quizá por apartarse de la interpretación deCopenhague que nunca ha fallado en cuestiones de tipo práctico. Tuvieron que transcurrir diez años para que Bryce DeWitt, de la Universidad de Carolina del Norte, volviese sobre la idea de Everett, considerando incluso hasta dónde podía llegar el desdoblamiento constante de mundos. Podría hablarse de una superautopista con millones de carriles paralelos, y aunque el tema ha sido tratado en la ciencia-ficción especulando con la posibilidad de cambiar de carril, pasándonos al mundo de al lado, las matemáticas no son compatibles con tan sugestiva imagen. Un viaje en el tiempo, en nuestro propio mundo, siempre ha sido negado por las teorías convencionales, por las paradojas que implican, como la de volver atrás en el tiempo y matar al propio abuelo antes de que el padre de uno mismo fuera concebido. A nivel cuántico, las partículas parecen estar involucradas constantemente en tal viaje temporal, y Frank Tipler ha demostrado que las ecuaciones de la Relatividad General lo permiten. Es posible concebir una clase especial de viaje adelante y hacia atrás en el tiempo que no dé lugar a paradojas, y la forma de tal viaje se basa en la realidad de los Universos alternativos. Volvamos a la paradoja del abuelo: si se vuelve hacia atrás en el tiempo y se mata al abuelo, se está creando, o entrando, en un mundo alternativo, ramificado perpendicularmente al original. En esta nueva realidad, ni el padre ni uno mismo habrían nacido nunca, y no hay paradoja porque uno sigue aún vivo en la realidad original, y lo único que ha hecho es viajar hacia atrás en el tiempo hasta una realidad alternativa. Volviendo atrás y deshaciendo el proceso, esa persona se reintegra en la ramificación original de realidad. De acuerdo a la interpretación de la teoría de los otros mundos, el futuro no está determinado, pero el pasado sí lo está. Hay muchas rutas para el futuro, y alguna versión de nosotros seguirá por alguna de ellas. Cada una de estas versiones de nosotros mismos creerá que avanza a través del único camino, y se mirará en un único pasado, pero resulta absolutamente imposible conocer el futuro porque hay infinidad de ellos. La pregunta más importante que falta por contestar dentro de este esquema es por qué nuestra percepción de la realidad habría de ser la que es; ¿por qué la elección de caminos a través del laberinto cuántico que se origina en el Big Bang y llega hasta nosotros, debe conducir precisamente a la aparición de la inteligencia en el Universo? La respuesta se apoya en el Principio Antrópico. Este postula que las condiciones que existen en nuestro Universo son las únicas condiciones, salvo pequeñas variaciones, que habrían permitido la evolución hasta una vida como la humana. Si el Universo no fuera como es, nosotros no estaríamos aquí para observarlo. El problema sería por qué apareció un mundo ideal para la vida a partir del Big Bang. El Principio Antrópico afirma que pueden existir muchos posibles mundos y que nosotros somos un producto inevitable de nuestra clase de Universo. Pero, ¿dónde están los otros mundos? ¿Son fantasmas, como los mundos que interaccionan en la interpretación de Copenhague? ¿Corresponden a diferentes ciclos vitales de nuestro Universo, supuesto oscilante? ¿O podrían ser los otros mundos de Everett, todos ellos perpendiculares al nuestro? Esta última es, sin duda, la mejor explicación de que se dispone actualmente. La mayoría de las realidades cuánticas alternativas no son apropiadas para la vida. Las condiciones necesarias para la vida son muy especiales, y no ha sido el azar el que ha seleccionado estas condiciones, sino la elección. Todos los mundos son igualmente reales, pero sólo aquellos mundos apropiados contienen observadores. El éxito de los experimentos del equipo de Aspect al someter a test la idea de Bell ha eliminado todas, excepto dos, de las posibles interpretaciones que en el curso del tiempo se han presentado en torno a la Mecánica Cuántica: o se acepta la interpretación de Copenhague con sus realidades fantasmales y sus gatos vivo-muertos, o se acepta la interpretación de Everett con sus otros mundos. Es concebible, por supuesto, que ninguna de las dos posibilidades sea la buena, que ambas alternativas sean erróneas y que aparezca otra interpretación de la realidad cuántica que resuelva todos los problemas, que satisfaga las interpretaciones de Copenhague y de Everet y el test de Bell y que vaya más lejos del conocimiento actual; sin embargo, tras más de medio siglo de intensos esfuerzos dedicados al problema de la realidad cuántica por los mejores cerebros del siglo XX, hay que aceptar que la Ciencia sólo puede ofrecer actualmente estas dos explicaciones alternativas de la forma en que el mundo está construído. Max Jammer, uno de los filósofos cuánticos más relevantes, ha dicho que "la teoría de los otros mundos de Everett es una de las más osadas y la más ambiciosa de las teorías construídas en la historia de la Ciencia". Prácticamente lo explica todo: por ello es la que más atrae. Todo en ella es posible y según las acciones realizadas, se escoge el camino a través de los muchos mundos del cuanto. En nuestro Universo, lo que vemos es lo que hay, no existen variables ocultas, Dios no juega a los dados y todo es real. Una de las anécdotas que se cuentan sobre Bohr es que cuando, en los años 20, alguien acudía a él con una idea aberrante pretendiendo resolver alguno de los problemas de la Teoría Cuántica, él replicaba: "su teoría es disparatada, pero no lo suficientemente disparatada como para ser verdad". La teoría de Everett es lo suficientemente disparatada como para ser verdadera.